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Con la fundación como tal de Brozas hacia 1220 comienzan a levantarse distintos edificios públicos necesarios para la vida de sus habitantes; de esta época se conserva solamente la Torre del Homenaje del castillo de la Encomienda Mayor de la Orden de Alcántara, una sólida construcción de forma trapezoidal coronada con almenas, fechada a principios del siglo XIV con mampostería y sillería en las esquinas; dispone de un aljibe en la parte inferior y de tres cuerpos a los que se accede por una escalera de caracol adosada.
El edificio más antiguo es la ermita de san Juan, de finales del siglo XV; es gótica, con ábside plano y amplia sacristía. Conserva el arco toral y sus portadas de medio punto, junto con una decoración a base de bolas típica de finales del gótico.
La iglesia de Santa María la Mayor de la Asunción. Su construcción abarcó tres siglos, desde finales del siglo XV hasta principios del XVIII. La fachada de mayor monumentalidad es la de los pies, que muestra resabios góticos en su decoración, sobre todo en la parte inferior; y fue replanteada por Ibarra como una gran puerta de medio punto y abocinada abajo, sucedida por un gran ventanal, también de medio punto, y culminada con una rica decoración escultórica. En el exterior de la iglesia tiene transparente abierto en el ábside. Su condición y sus formas son barrocas, ya del siglo XVIII. En el interior destaca la bóveda de crucería sobre los pilares compuestos. Alrededor de la iglesia encontramos una serie de capillas fúnebres, construidas por los nobles durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Las naves laterales rematan en sendos recintos, la sacristía (s. XVII), y la capilla funeraria de los Flores, cubierta con bóveda de ladrillo sobre pechinas. En ella destaca el sepulcro de Don Gonzalo Gutiérrez Flores, caballero de la Orden de Alcántara.
Los elementos muebles de la iglesia son también muy importantes; destaca en primer lugar el retablo mayor, construido por el entallador Bartolomé de Jerez a mediados del siglo XVIII. Es un magnifico ejemplo del arte barroco tanto por sus dimensiones (25 m de altura) como por su profusa decoración, vegetal, animal y celestial. En el coro tenemos el órgano, contemporáneo del retablo, construido en madera sin policromar, y obra de Francisco de Andía. En cuanto a las obras escultóricas, destaca sobre todo el Cristo de la Salud, una obra del último cuarto del siglo XVI, perteneciente a la escuela andaluza, concretamente a la granadina.
La otra iglesia brocense es la de los Santos Mártires San Fabián y san Sebastián, comenzada a construirse en 1495 sobre la ermita del mismo nombre. Las obras se detuvieron antes de llegar al hastial a mediados del siglo XVII, y así quedaron hasta que el edificio fue acabado en los años 60 siguiendo los planos originales del gran arquitecto brocense Juan Bravo. La iglesia es de una sola nave, en su interior destaca la capilla funeraria de los Argüello Carvajal, proyectada por Juan Bravo en 1590 y en la que se custodia la imagen del Santo Cristo de la Expiración, talla contemporánea de la capilla, realizada por Alonso Hipólito y entronizada en un retablo barroco. En el ábside hay unas pinturas murales que representan a los santos titulares de la iglesia y que, por el estilo, podrían ser obra del pintor extremeño Juan de Ribera, quien trabajó en la zona a finales del siglo XVI (Villa del Rey, Portaje, Cáceres...).

El convento de nuestra Señora de la Luz, que llegó a ser el cenobio capitular de la provincia de san Gabriel de los franciscanos descalzos; fue fundado a iniciativa de la villa en 1554, con licencia real, aprovechándose para ello la antigua ermita de la Virgen de la Luz. Su proceso constructivo, muy largo, abarca desde los siglos XVI al XVIII.
Se divide en dos grandes sectores; la iglesia consta de una nave con tres tramos, coro a los pies, capillas entre los contrafuertes, falso crucero y presbiterio rectangular, al que sigue amplio camarín de proporciones cúbicas; a este cuerpo principal, se añade, por el lado del evangelio, la capilla de santa Rosa, y otro oratorio más, junto a la cabecera. La zona conventual se articula en torno al claustro, siendo diseñado en su origen por Pedro de Ibarra. El claustro, cuadrangular, consta de dos cuerpos, el inferior con arcos de medio punto sostenidos en columnas toscanas; sobre éste se levanta otro cuerpo más reducido con vanos adintelados, actualmente tapiados. En torno al claustro se articulaban las dependencias conventuales, con las celdas de los monjes, el refectorio, la sala capitular... En el siglo XVII se ampliaron las celdas y se construyó una nueva enfermería en un piso alto, junto con un bello pórtico con arquerías de medio punto orientado al sur.
El convento de las Comendadoras de Alcántara, fue fundación de don Pedro Gutiérrez Flores, sacristán mayor de la orden de Alcántara. La nave del templo fue reconstruida en el siglo XVIII. La iglesia, como decíamos, es obra de la primera mitad del siglo XVI; destaca sobre todo su portada renacentista, obra de Guillén Ferrant, en la que un arco de medio punto cajeado y ménsula en la clave se flanquea con un entablamento sostenido en dos pares de columnillas corintias, hoy desaparecidas, y dos medallones con bustos femeninos en las enjutas. El conjunto se cierra con una hornacina con frontón triangular, donde se ubicaba una imagen hoy desaparecida. Las dependencias conventuales están hoy muy transformadas, conservándose un pequeño claustro de cuatro vanos sobre columnas toscanas, varias dependencias como el refectorio, cubierto con bóveda de arista, la sala capitular y un pequeño pórtico que da al patio cubierto con bóveda de crucería. Destacan también los letreros e inscripciones con lemas y citas de Nebrija.
El convento de Nuestra Señora de los Remedios, en lamentable estado de conservación, fue fundado por Frey Alonso Flores, prior de Magacela; su iglesia fue diseñada por Gaspar López, maestro mayor de la orden, a principios del siglo XVII. De grandes proporciones y planta rectangular, está totalmente destruida. La zona conventual, con un bello claustro, es usada hoy como cuadra y como vivienda particular.
La ermita del Buen Jesús del Humilladero, levantada hacia 1530 por iniciativa de Frey Gonzalo de Nebrija; de planta cuadrada y construida con sillares, ha sido recientemente expoliada al ser robadas las imágenes que se encontraban en su techumbre. Destaca al interior la imagen de Cristo amarrado a la columna, en alabastro y obra de Guillén Ferrant.
La ermita del Humilladero, curiosa construcción barroca edificada a mediados del siglo XVIII mezclando elementos tradicionales de la zona con influencias portuguesas y andaluzas.

La de Santa Bárbara, fundada por doña Ana de Silva en 1646, y que destaca por su curiosa cúpula de media naranja.
 
El Castillo Palacio de la Encomienda Mayor de Alcántara. Su proceso constructivo abarca desde el siglo XIV hasta el XVII. A la primera etapa pertenece la torre del homenaje ya comentada; a finales del siglo XVI se reconstruye casi íntegramente el edificio, siendo la reforma diseñada por Juan Bravo en 1593; se construye así una nueva muralla cuadrangular, jalonada por grandes cubos semicilíndricos y construida con mampostería y sillería. En la muralla se abren tres puertas, una al sureste, actualmente en servicio, con arcos de medio punto y bovedilla en el muro, y dos en el muro occidental, una de las cuales es la principal, sobre la que se encuentra el escudo de Felipe II flanqueado por los del comendador mayor Cristóbal de Moura. En el interior se construyeron varias dependencias palaciegas, como las caballerizas, los llamados “cuarto viejo”, con portadas góticas, y “cuarto nuevo”, donde se localiza el escudo de don Juan de Zúñiga, y el patio al que dan ambas estancias, del que se conservan dos alas, ambas porticadas con columnas toscanas La última fase constructiva corresponde a mediados del siglo XVII, justo antes de la guerra con Portugal, en la que la muralla se refuerza exteriormente con cinco grandes baluartes, dos en diamante y tres triangulares, construidos con mampostería y con el objetivo de ampliar la superficie amurallada y facilitar la defensa.
El palacio de los Bravo, Condes de la Encina, es el mejor ejemplo de arquitectura residencial de Brozas. Construido a finales del siglo XVI, tiene las características arquitectónicas típicas del siglo XVII y fue en el siglo XVIII, cuando esta familia alcanza su máximo poder, convirtiéndose don Juan Sebastián Bravo de Cabrera en conde de la Encina en el año 1778. Al exterior destaca su sencilla fachada construida íntegramente con sillares de granito; consta de dos plantas, donde se ordenan simétricamente cinco vanos rectangulares, ventanas y puerta en la planta baja y balcones en la alta. Se remata con una cornisa voladiza que se rompe en el centro por un ático donde se inserta el escudo de don Juan Sebastián y de su esposa doña Isabel Topete del Barco. En el interior sorprende un amplio patio peristilo, conformado por cuatro grandes arcos rebajados sobre pilares.
La Casa de los Flores, situada en la calle Ramón y Cajal, consta de dos partes claramente diferenciadas y perpendiculares entre sí; a la primera, la más antigua, corresponden varias estancias de gran amplitud, con portadas con arcos conopiales y rebajados y decoradas con bolas y motivos góticos. En el primer cuarto del siglo XVII el palacio experimentó una gran ampliación llevada a cabo por su entonces dueño, don Pedro Alfonso Flores Montenegro, vizconde de Peñaparda; se construyó así un gran ala de dos pisos, con enormes estancias con decorativas chimeneas, y grandes vanos de granito con interesantes cierres de forja. De esta época procede también la monumental entrada, con un gran vano adintelado y ligeramente cajeado, enmarcado en una arquitectura de columnas, friso con puntas de diamante y coronamiento con flameros barrocos.
El Palacio de los Argüello Carvajal se inició a finales del siglo XVI, aunque su aspecto actual corresponde a un palacio barroco del siglo XVII con modificaciones en el XVIII y XX. Los muros se adornan con revoco de falsa cantería y un zócalo. La portada se presenta en chaflán, donde se unen las calles el Brocense y Padre Amado, con portada adintelada y escudo de mármol con las armas de la familia. Las fachadas adyacentes acogen numerosos vanos regulares. En el interior destaca su magnífico patio porticado, con dos galerías: la baja, con grandes columnas toscanas que sostienen arcos de medio punto y medallones en las enjutas; y la alta, también con arcos sostenidos por columnas jónicas, correspondiendo dos arcos de arriba con uno de abajo, y cerrado con una bella balaustrada.
El palacio de los Condes de Canilleros, un edificio del siglo XVI y totalmente renovado a finales del siglo XVII. Al exterior destacan la labor de forja de los vanos y el enorme escudo en esquina, el mayor conservado en la comarca, con las armas de los Porres, Montemayor, Maraver, Silva y Acuña, obra de finales del siglo XVII. Al interior sobresale el patio, con dos galerías, la baja en arquería y la superior adintelada, y sostenido todo por columnas toscanas.
 
La casa palacio de los Arce. Perteneciente primero a la familia Paredes y Ulloa, del siglo XVII destacan las forjas de hierro, con interesantes balconadas. En el siglo XVIII esta familia enlaza con los Arce, como demuestra el magnífico escudo en esquina en mármol.
 
El antiguo palacio de la familia Orive Salazar se encuentra actualmente dividido en dos partes; la primera contiene la fachada principal, toda de sillares, con dos grandes entradas adinteladas flanqueadas por los escudos de los Orive y Paredes; al interior destacan sus bóvedas de cañón sobre lunetos y el espacioso patio, hoy muy transformado. En esquina con la calle Constitución se encuentra un ala del edificio, adquirido como residencia a principios del siglo XIX por la familia riojana de los López de Tejada, que dispusieron en la fachada un bello balcón de esquina y un gran escudo de su linaje, fechado en 1804.
 
La casa de los Ortiz, construida a principios del siglo XX por esta importante familia de la oligarquía brocense y que en el pueblo es conocida como “la casa de los ladrillos”; en ella se mezclan elementos modernistas en la decoración con una curiosa estética neomudéjar en el interior.
 
En la finca “Greña” se conserva la construcción más peculiar de Brozas, un palacio campestre construido por Santiago Burgos de Orellana en los primeros años del siglo XX, y que no puede adscribirse a ningún estilo artístico definido, aunque la influencia del modernismo e incluso de Gaudí se hacen patentes.
 
La llamada “Casa del Brocense”; construida íntegramente con sillares, destaca su espectacular chimenea de ladrillo


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